
Priscila Oviedo es una riojana de 21 años que se desempeña en tareas de mecánica. Medios El Independiente mantuvo una entrevista con la joven, donde señaló la participación de las nuevas generaciones en oficios tradicionales, y cómo comenzó a interesarse en trabajar reparando automóviles y motocicletas, junto a su papá.
Para Priscila y Julio Oviedo, la vocación es algo que sin buscarlo se hereda, o así es como se dio en su caso en particular. Julio tiene un taller de mecánica, ubicado cerca del Cepar de la zona norte, en el que los dos trabajan la mayoría del tiempo, convirtiéndolo en un oficio familiar.
Lo llamativo de su historia, es que Priscila consiguió romper muchos estereotipos en su trabajo, siendo joven y también mujer, dado que estas tareas estaban culturalmente “destinadas” a los hombres. Aunque es antiguo pensar que las mujeres no pueden ocupar ciertos espacios, es cierto que antes y en algunas profesiones, estaban “apartadas” y no podían desempeñarse con total libertad en lo que les apasionaba.
Un oficio que traspasa generaciones
Desde los 17 años, Priscila abrazó la misma profesión que su papá y comenzó a interesarse, buscando y aprendiendo cada vez más.
Ambos arreglan diferentes vehículos, pero todo inició cuando la joven empezó a ayudar a Julio, armando autos de karting para su hermano quien competía en carreras.
Rompiendo barreras que ya quedaron totalmente obsoletas, la riojana se abre paso lejos de los cuestionamientos ajenos.
“Me empezaron a gustar los “fierros” a los 17 años, estoy criada en este ambiente. Mis tíos son todos mecánicos. Me fascina trabajar en el taller con las motos de carreras, los autos, el karting, todo”, expresó Priscila en el principio de la entrevista otorgada a Medios El Independiente, que viajó hasta el lugar para conocer su espacio de trabajo.
Luego dijo que “mi papá siempre tuvo un taller. Nunca pensé que iba a estar trabajando en este lugar pero terminé el secundario y todavía sigo acá”.
“Me empezó a gustar porque mi papá preparaba muchos kartings, entonces concurría a las carreras cuando mi hermano se inició en las carreras, me fui aferrando a ellos y cada vez me gustaba más”, prosiguió Priscila.
Al ser consultada sobre el primer vehículo que puso en condiciones, recordó que “fue una motocicleta 110, Honda Biz, que fue la primera que tuvo mi hermano. Ahí empecé”.
Enseguida comentó que no le es difícil la tarea que realiza diariamente ya que “soy muy rápida para aprender. Lo primero que aprendí fue lo más básico, como cambiar el aceite o cambiar partes de las motos. Después me empecé a largar sola y darme maña con todo”. Asimismo indicó que no le costó arreglar ningún vehículo en particular, ya que la mecánica le es innata.
En referencia al ser una mujer joven en ese ámbito, Priscila señaló que “yo me siento igual que todos, nunca me sentí menos que nadie. Si hay gente que vino y me dijo: ‘qué raro ver a una mujer acá’, pero para mí no”.
En cuanto a cómo transitaron los tiempos pandémicos expuso que “nos fue bien gracias a Dios, no se nos cortó nada. El tema eran los repuestos que no nos dejaban comprar mucho pero por suerte, nunca cerramos el taller. Teníamos trabajo todos los días”.
Actualmente trabaja todas las tardes en el taller, a partir de las 17 hasta las 23, o a veces más. “Con la situación económica venimos bien mayormente, el medio de movilidad es fundamental así que todas las semanas tenemos un arreglo grande”.
Por último, explicó que se encuentra estudiando para ingresar a la Policía Federal pero que no puede elegir entre las dos profesiones. “Los fierros son mi mundo”, concluyó.