
En el marco del 50º aniversario del Golpe de Estado en Argentina de 1976, la sede de El Independiente Copegraf Ltda. fue escenario de un encuentro atravesado por la memoria, la emoción y una fuerte interpelación política al presente.
La actividad, impulsada por la Mesa de Cooperativas Unidas y Organizadas de La Rioja, reunió a referentes del sector y a sobrevivientes de la represión estatal, quienes reconstruyeron en primera persona el impacto del terrorismo de Estado y reivindicaron la memoria como herramienta de resistencia.
El presidente de Copegraf, Julio Delgado, abrió la jornada con un repaso histórico que unió los orígenes del diario con el golpe del 76. Recordó la conformación del primer Consejo de Administración en 1971 y cómo la dictadura desarticuló ese proceso mediante persecuciones, cárcel, exilio y el vaciamiento del proyecto comunicacional. “La lucha hoy se hace cada vez más pesada”, advirtió, “al vincular aquella historia con un presente donde —según planteó— vuelven a tensionarse derechos como la libertad de expresión y el acceso a la información”.
En la misma línea, Fernando Gómez subrayó que “la memoria es el antídoto para resistir en un contexto donde, afirmó, se repiten esquemas de persecución y ajuste contra trabajadores y sectores populares”. Destacó además “el rol del cooperativismo como alternativa concreta frente a la concentración económica y la pérdida de derechos”.
Pero uno de los momentos más impactantes de la jornada llegó con la intervención de Carlos Herrera, integrante del primer consejo de administración de la cooperativa, quien reconstruyó con crudeza cómo se vivió la noche misma del golpe dentro del diario.
Herrera, trabajador gráfico desde joven y protagonista de la historia del medio, relató que “el 24 de marzo de 1976 se encontraba en la redacción cuando, pasada la medianoche, el edificio fue irrumpido por fuerzas militares armadas. Nos pusieron contra la pared, requisaron todo el diario, buscaban compañeros”, recordó.
“En medio del operativo, los trabajadores fueron obligados a continuar la edición bajo control militar. Dictaron el comunicado del golpe y tuvimos que sacarlo en la edición. Decían qué iba y qué no iba”, explicó, “dando cuenta del inicio inmediato de la censura”.
Uno de los episodios más simbólicos que narró “fue la mutilación del histórico logo del diario. La estrella que formaba parte de la identidad gráfica fue considerada ‘subversiva’ por los militares. Con un punzón tuvimos que romperla esa misma noche para que no saliera más”, relató, en una escena que condensa la violencia sobre la libertad de expresión.
Herrera también describió la persecución directa contra trabajadores del medio. “Los militares buscaban nombres específicos, allanaron el edificio en reiteradas oportunidades y continuaron con operativos en los domicilios. No sabíamos nada de los compañeros detenidos. Fueron años muy duros”, señaló.
Su testimonio también puso en evidencia que “la persecución al diario no comenzó ni terminó con la dictadura. Recordó presiones económicas, falta de pauta oficial y asfixia financiera en distintos momentos históricos, como una constante contra un medio identificado con una línea crítica y cooperativa”.
“Siempre fue perseguida la cooperativa”, afirmó, y vinculó esa historia con el presente, cuestionando los discursos negacionistas que intentan relativizar el terrorismo de Estado. “Esto no es un relato, es lo que pasó”, remarcó.
La intervención de Elsa Vega, referente de la Red Textil Nacional, aportó una mirada desde la vida cotidiana durante la dictadura, atravesada por el miedo, pero también por la falta de conciencia plena en aquel momento sobre la magnitud de lo que ocurría.
“Éramos adolescentes, íbamos al club, hacíamos nuestra vida, pero ya había advertencias, persecuciones. En casa había miedo”, recordó. Relató “cómo su familia vivía con temor ante la posibilidad de detenciones y desapariciones, especialmente por la militancia y los vínculos con espacios de la Iglesia comprometida”.
Vega evocó también “el impacto de los crímenes en la provincia, en particular el asesinato de figuras vinculadas a la Iglesia riojana, entre ellas Enrique Angelelli, cuya figura —remarcó— sigue siendo un faro en el presente. Su legado hay que seguirlo andando, hoy más que nunca”, afirmó.
Su testimonio conectó “aquella memoria con la actualidad del sector cooperativo, especialmente en el rubro textil. Denunció la crítica situación que atraviesan las cooperativas, afectadas por la crisis económica: Estamos siendo muy golpeadas. De tres cooperativas en el polo, dos ya no están trabajando y una prácticamente cerró”.
Por su parte, Mónica Troncozo, integrante de la Cooperativa Unión y Trabajo Limitada, reflexionó sobre la dimensión ética, política y espiritual de la memoria.
Conmovida por los testimonios, retomó uno de los relatos compartidos durante el encuentro para destacar la humanidad que persistió incluso en los contextos más extremos. “Esa ternura en medio del horror nos interpela profundamente”, señaló.
Troncozo reivindicó “la continuidad de esa lucha en el presente a través del cooperativismo, entendido como una forma de militancia y construcción colectiva. Somos parte de ese legado, de esa resistencia que sigue viva”, afirmó.
El cierre del encuentro dejó una definición compartida: la memoria no es solo evocación, sino una práctica política activa. En un escenario donde resurgen discursos que niegan o relativizan los crímenes de la dictadura, las voces que se escucharon en El Independiente Copegraf Ltda. volvieron a insistir en que recordar es también una forma de resistir.
A 50 años del golpe, en La Rioja, la memoria sigue siendo territorio de disputa. Y también, como quedó claro en cada intervención, una herramienta colectiva para enfrentar el presente.