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13/07/21

Nicolás Antonio Díaz. In memoriam

Conocí al licenciado Nicolás Antonio Díaz en alguna esquina de la ciudad de La Rioja. Recuerdo que era por al mediodía y veníamos de la UNLaR. Me lo presentó un ex alumno de Bs As, que ya estaba viviendo en la provincia. Creo que recién llegaba de una gira con su grupo de baile, donde había recorrido México y Colombia y otros países. Así que en esa mesa nos contaba los detalles del viaje.



Por Carlos Liendro

Luego  lo volví a ver en alguna Jornada ó Congresos que se realizaban con los Trabajadores Sociales en la Universidad.  En algún cierre de esos encuentros universitarios, cerraba su ballet con danzas folklóricas de nuestra tradición y de los países Latinoamericanos, con sus trajes y grupos de baile. Esa vez lo filmé con mi cámara de documentalista. Así que en el futuro haremos un pequeño documental sobre esos tiempos, con testimonios de quienes lo conocieron.

Uno de los temas que lo alentaba era a escribir y editar. Lo invitaba a que enviará artículos de Ciencias sociales (ya que se había recibido de doctor en Ciencias Sociales) y sobre las intervenciones de los trabajadores sociales. Ya había editado libros (me regaló alguno), porque teníamos en común el tema de ‘la salamanca’. De mi parte contada por mis abuelos de Salta, y de cómo habían sido denominados esos tema como ‘supersticiones calchaquíes’, y lo condenado que estaban esas creencias por la Iglesia desde el siglo XVI. Esa inquietud y curiosidad por estos temas lo caracterizaba, en averiguar e investigar. Por eso algo de eso logró conmover a los que fueron a ver la presentación de uno de sus libros. Me relató otro Trabajador Social de UNLaR, que cuando fue invitado a ver la presentación había llegado tarde al teatro. Las luces estaban apagadas y en medio de una música que crecía aparecían los personajes que ilustraban parte de lo que el libro de Nicolás contaba. En un momento hubo como una explosión entre la música y los colores de los actores, y quien me explicaba esta presentación me dice: ¡salí rajando!, y se golpeó las palmas de las manos como en un gesto de huir. ¿Qué efecto había producido? Seguramente como todo lo que produce el arte, no estaba en la esfera de lo racional, si no en la esferas de las emociones.

Cuando comenzó a escribir en las columnas de ‘Opinión’, del diario ‘El independiente’, le había planteado, en estas cuestiones de escribir, que eligiera un tema y así lo debatíamos. Me parecía que era una forma de animar no solo a que la gente lea, sino a que también intervenga opinando, dando su punto de vista aunque no estemos de acuerdo. Estaba el tema del lenguaje inclusivo, la violencia, de algo tan actual como el género y el feminismo. No hubo tiempo. Sus notas igual tenían repercusiones. Hoy las redes sociales permiten que  se pueda  reenviar por WhatsAap, faceb, twitter, y que se lean en distintas partes. Ya estamos en la era de la globalización de internet.

Algunos de sus artículos- con su permiso- los editaba en el proyecto de revista digital ‘Los rituales sociales’ (donde invito a los TS que se animen a escribir). Mostraban muchas veces su estructura de valores, de la que no se apartaba. Por eso luego cuando me enteré que ocupó cargos provinciales de conducción, sus convicciones estaban intactas. Eran de aquellas personas que sabía que primero estaba la gente, los niños, luego podía venir o no la conveniencia de un político. Hablábamos de eso muchas veces: los límites que se debe tener en la función pública. Se sentía mal cuando le mostraba las condiciones en que viven las comunidades Wichis en el norte, abandonadas por el Estado. Siempre mostraba esa sensibilidad y solidaridad con los que menos tienen, ante las injusticias.

Era querido por mucha gente. Eso también me enteré estos días, teniendo en cuenta la repercusión que tuvo en lugares de cultura, de los países a los que viajó llevando su arte. Seguramente serán sus amigos, colegas y compañeros quienes podrán decir mucho más. Me llevo la imagen de una persona y de un profesional coherente entre lo que decía y hacía. Su muerte nos sorprendió a muchos, y tal vez más para quienes no lo veíamos desde hace tiempo, por la pandemia. La última vez que estuvimos juntos fue en la presentación de un libro que realicé en una librería de La Rioja, allí estaba con su alegría de estar pensando proyectos, entre amigos que lo querían y respetaban muchísimo.

Se dice ya con simpleza, que una persona no muere mientras haya otros que lo recuerden. Dejar una obra también es una forma de pasar por este mundo para que no nos olviden. Pude leer la promoción de la editorial de su nuevo libro ‘Aquí, allá y en Las Marianelas también’, que tenía como un subtítulo en la tapa: ‘Los misterios de la vida misma’. Así escribía sobre su texto el  Lic Aguirre: “¿Están dispuestos a viajar con personajes humanos, mágicos, miedosos? Este libro busca transitar, de su mano, cuentos y relatos, buscando escondrijos y desafíos que nos presenta la vida que de alguna manera representan un pedacito de nuestra realidad”.