
La investigación clínica evalúa la eficacia y seguridad de potenciales nuevos medicamentos y vacunas para mejorar la salud de las personas.
Más de mil estudios clínicos hay en curso en Argentina con la participación de más de 50 mil personas y esta actividad no solo anticipa el acceso de los pacientes a terapias innovadoras, sino que también representa un ingreso de divisas de más de 700 millones de dólares al año, consolidándose como un motor clave dentro de la economía del conocimiento.
“Esta disciplina se posiciona como una de las más dinámicas dentro de la economía del conocimiento, con capacidad para atraer crecientes inversiones internacionales y aportar divisas exportando servicios de alto valor agregado, además de generar empleo calificado y contribuir a mejorar la atención de la salud”, destacó Carolina Martinenghi, Directora de Comunicaciones de CAEMe, en el marco del Día Mundial de la Investigación Clínica.
En un informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas, continuó: “Argentina tiene la oportunidad de seguir consolidando su rol en investigación clínica. Tenemos por delante dos desafíos para impulsar este ecosistema: un mayor alcance federal, porque la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires concentran todavía el 70% de la participación y que haya más estudios clínicos en centros públicos”.
Las áreas terapéuticas más estudiadas en Argentina son: oncología (25%); aparato respiratorio (12%); inmunología -reumatología, lupus, enfermedades autoinmunes (11%); metabolismo (11%); sistema nervioso central (10%); cardiovascular (8%), digestivo (6%) e infectología (5%).
Hoy, la investigación clínica está atravesando una transformación estructural a nivel global. La incorporación de herramientas digitales, inteligencia artificial y nuevos modelos metodológicos está permitiendo desarrollar medicamentos y vacunas con más eficiencia, agilidad y calidad de los datos. Esto se traduce en mejores terapias y en menor tiempo para los pacientes que los necesitan.
“Estamos ante un cambio de paradigma a partir de avances significativos y constantes sobre cómo se investiga. La tecnología permite optimizar procesos que antes eran largos y complejos, mejorando la calidad de la evidencia y la experiencia de los participantes del estudio clínico”, puntualizó Carolina Sian, directora de asuntos regulatorios de CAEMe.
Entre los avances más relevantes se destacan los ensayos clínicos ‘descentralizados’, que trasladan parte de las actividades fuera de los centros hospitalarios tradicionales, apoyándose en herramientas tecnológicas para la recopilación de datos.
A través del monitoreo constante de determinados parámetros de salud -vía dispositivos portátiles- ahora se evita que los pacientes deban trasladarse para realizarse controles, eliminando barreras geográficas y logísticas (permite participación de poblaciones rurales o personas con movilidad reducida, mejorando la representatividad del universo involucrado). Esto reduce costos, mejora la participación y la adherencia a los tratamientos, manteniendo la calidad y seguridad de los datos.
Las autoridades regulatorias también ven su valor y acompañan esta tendencia con regulaciones específicas. La ANMAT promueve la incorporación de elementos descentralizados, siempre bajo evaluación de riesgo-beneficio y con foco en la protección de los participantes.
La digitalización es otro de los pilares de esta transformación, con sistemas de gestión de ensayos clínicos que optimizan todos los flujos de trabajo. También existen bases de datos como ClinicalTrials.gov, de los Estados Unidos, para registrar y analizar información de cientos de miles de estudios en más de 200 países, facilitando la transparencia y el acceso a la información, mientras que, en Argentina, contamos con la base pública de ANMAT
Por otro lado, crece el uso de lo que se conoce como ‘gemelos digitales’: modelos computacionales que integran datos biológicos, clínicos y poblacionales para simular escenarios sobre cómo responderá un paciente al tratamiento o a distintas dosis.
También en investigación clínica, la inteligencia artificial aparece para acortar tiempos y optimizar procesos, además de permitir determinar antes qué mecanismos de acción tienen real potencial de recorrer todo el camino de investigación y llegar al mercado, simplificando líneas de investigación y asignando mejor los recursos de I+D.
Actualmente, se logra automatizar tareas críticas como la identificación de pacientes elegibles y el análisis de criterios de inclusión y exclusión, reduciendo significativamente tiempos operativos.“La inteligencia artificial potencia esta disciplina. No reemplaza, bajo ningún punto de vista, al investigador, pero amplía enormemente su capacidad de análisis y precisión”, sostuvo Rosana Felice, asesora médica de la citada entidad.