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Con 37 años de trayectoria, Beatriz Campos dejó su huella en la educación rural

Luego de 37 años en la docencia, Beatriz Campos se despidió de las aulas dejando una huella profunda en la educación rural. Su historia refleja el compromiso, los desafíos y la vocación de cientos de docentes que, lejos de los centros urbanos, sostienen la escuela como un espacio fundamental para la comunidad, muchas veces en contextos desafiantes. Para compartir su fecundo recorrido en el ámbito educativo, la docente dialogó con Radio Independiente.



Al recordar sus inicios, la educadora contó que, si bien vive en la ciudad de Chamical, fue muy poco el tiempo que trabajó en el lugar. Beatriz se recibió en el año 1988 como profesora para la enseñanza primaria; sus comienzos fueron en una escuela rural del Depto. Chamical, más precisamente la Escuela 197 de La Cañada, y su cargo fue de directora interina con clase anexa.

En ese contexto, Campos rememoró que en sus primeros pasos por la docencia recibió mucho apoyo y acompañamiento por parte de sus colegas. Su labor docente ese establecimiento constó de 3 años. Pasó luego a desempeñarse en la Escuela 136, donde realizó una suplencia corta, en la Escuela Provincial, en la Escuela 151, también de Chamical; además, fue maestra volante del Colegio Parroquial.

En el 1995, por razones laborales, se trasladó al depto. Ángel Vicente Peñaloza, en esta oportunidad, se desempeñó en la Escuela 168 de Punta de Los Llanos, alcanzando en esta ocasión la titularidad como maestra de grado. En este establecimiento cumplió funciones hasta el año 1999.

Durante el mismo año rindió el primer concurso de ascenso, logrando el cargo de directora en la Escuela 171 de Carrizal, donde permaneció durante  13 años, luego de los cuales volvió a rendir concurso de ascenso que en este caso la llevó a la Escuela 267 de Olta, escuela donde se jubiló.

El docente que trabaja en las escuelas rurales, además de ser docente, crea otros vínculos con la comunidad. Eso es muy bueno porque nos ayuda a crecer mucho como personas”, reflexionó mientras se definió como inquieta, empática y con muchas ganas de hacer cosas por la gente.

Asimismo, consideró que su profesión, pese al sacrificio que muchas veces conlleva, le dejó muy buenos recuerdos, mientras recalcó que se establecen vínculos estrechos en esas comunidades aisladas que “muchas veces son olvidadas por los gobernantes”.

En ese marco, objetó el cuestionamiento que muchas veces se hace sobre la escuela pública, argumentando que “la escuela pública no es el problema, es el último espacio de contención de una sociedad rota. Los fracasos no vienen precisamente de ahí, que es adonde llegan chicos con muchas necesidades”.

Ante lo planteado, explicó que es en ese espacio educativo donde se perciben las desigualdades que a su vez hacen imposible mirar para otro lado “por eso somos, madres, padres, psicólogos, médicos y siempre nos ocupamos de todas esas cuestiones que viven nuestros alumnos a diario sobre todo en la ruralidad”.

Posteriormente y en una sincera reflexión sostuvo que los alumnos esperan mucho de los docentes, quienes justamente, los pueden potenciar o anular para siempre.

Otro de los aspectos abordados fue la relación entre los bajos salarios y la calidad educativa, según su perspectiva, los docentes deben contar con un estímulo salarial, “no puede haber un futuro posible con docentes empobrecidos. Los sueldos no alcanzan, las paritarias son muy importantes”.

Finalmente, indicó que cambiaron las configuraciones familiares y los docentes deben reinventarse ante esta nueva realidad. “A veces es difícil habitar las aulas con tantas problemáticas, no obstante dijo que es importante el compromiso y el amor por los alumnos que devuelven ese amor y brindan paz”.