
El futuro del programa nuclear se define en una negociación decisiva de 60 días.
El Memorándum de Islamabad abre una etapa de distensión tras meses de tensión, aunque deja pendiente el punto más sensible: el alcance del programa nuclear iraní y sus reservas de uranio.
En un movimiento que podría marcar un punto de inflexión en la geopolítica de Medio Oriente, Estados Unidos e Irán avanzan hacia la firma de un acuerdo marco para reducir tensiones bilaterales, aunque el núcleo del conflicto —el programa nuclear iraní— quedó deliberadamente pospuesto para una segunda fase de negociación que será determinante.
El denominado Memorándum de Islamabad, que contempla 14 puntos y podría formalizarse en los próximos días, establece compromisos iniciales orientados a la desescalada, incluyendo el cese de hostilidades indirectas, la reactivación del tránsito en el estratégico estrecho de Ormuz y un esquema preliminar de alivio de sanciones económicas.
Sin embargo, la cuestión más delicada —el control del enriquecimiento de uranio y el destino de las reservas nucleares de Irán— será abordada en un plazo de 60 días posteriores a la firma, en una instancia que analistas internacionales consideran crítica para el éxito o fracaso del entendimiento
El diseño del memorando refleja las profundas diferencias entre Washington y Teherán en torno al programa nuclear. Según explicó el ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, el documento actual constituye un “marco político general” para reconstruir la confianza tras meses de alta tensión regional.
La arquitectura en dos etapas responde a la necesidad de avanzar primero en medidas de distensión que generen condiciones mínimas para abordar luego el asunto central. En términos diplomáticos, se trata de una estrategia que busca evitar un colapso temprano de las negociaciones por divergencias irreconciliables en el corto plazo.