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14/05/20

Infectólogos vs economistas

Hablemos de los muertos cercanos. Ya sabemos que primero va EEUU, lo sigue Inglaterra, España, Italia y Francia, en el siniestro ranking de lo que va dejando el Covid 19. Brasil ha llegado a la tristísima cifra de 10 mil muertos. Pero a los mandatarios no le importa. Entonces, ¿será verdad que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen? Es cuestión de buscar datos empíricos.



Pedro Cahn fue conocido en los noventa cuando apareció el VIH- Sida, como médico- infectólogo estuvo al frente de la atención y luego creó la Fundación Huésped. Un retrovirus desconocido y resistente a cualquier medicación había aparecido para la medicina. Hoy todavía no se puede curar el SIDA pero sí se lo logra detener, con un gran cóctel de antivirales. Se necesitó conocer qué era (allí funcionaron los grandes laboratorios y las industrias farmacéuticas, compitiendo), pero lo principal era generar medidas para cuidar a la población. Recuerdo que el pensamiento liberal- como también ya estaba en Brasil- especialmente en las obras sociales, que el tratamiento no debía cubrirse. Enfermarse había sido una responsabilidad del paciente. Por lo tanto no iban a incluirlo en la lista de enfermedades que debía atender. Luego salió la Ley sobre VIH- Sida (en base a la lucha de diversos movimientos de Derechos Humanos y de grupos homosexuales). Fue un gran avance entre el estado y las asociaciones que venían teniendo centenares de muertos en los hospitales públicos. A principios del siglo XX, los legisladores conservadores- liberales de Brasil no querían que la población se vacunase. Argumentaban que se atentaban contra la libertad del individuo. Otra vez era el viejo debate: el Estado vs el sector corporativo y privado.

Esto se escucha por los medios, en esas empresas que depositan sus publicidades en la TV privada, pero de empleados y periodistas a sueldo. No lo dicen en forma directa. Pero al llevar como siempre la información al grado máximo de la confusión (y la desesperación) es necesario empezar a  ‘desmontar’, qué se está informando y como siempre, entender para dónde van los intereses de una TV corporativa. Fue demasiado cuando salieron en la semana pasada, no solo a dar voz a los economistas del estrablishment, sino a la gente de trabajos independientes. Prat Gay y Lacouza, responsables de la administración económica del gobierno anterior, salieron por LN + (en cable) a patear las medidas de la cuarentena y a exigir. El discurso planteado era: si hay un consejo de notables en infectología, debe haber un consejo de economistas. Antes habían pasado por otros canales de aire dos payasos de la economía: uno que lleva un nutria en la cabeza como peluca (maltratador de mujeres en los medios) y el otro candidato a presidente. Ambos con la sanata de siempre, solo que esta vez la situación es otra. No es tiempo de campaña y la economía real se está jugando en los buitres de la deuda y en los ‘caranchos’ argentinos que tienen cantidad de bonos que han comprado y se suman a la gran deuda.

Lo de ‘dar micrófono’ (como se dice en la jerga televisiva y de otros medios) es cuando empezaron con la segunda parte. Hablaban comerciantes, peluqueros, inmobiliarios. Y si bien es verdad que no pueden sostener más sus negocios, ya que no ingresa dinero, el mensaje es simple: violemos la cuarentena. ¿Qué deberían decir entonces aquellos de los barrios marginales, asentamientos, villas miserias, los pueblos originarios sin agua? porque ‘El quedate en casa’ no fue igual para todos. Esto no hay que olvidarlo, si queremos comenzar a repensar lo que viene después. Los ‘movileros’ argentinos en las ciudades claves del primer mundo (New York, Londres, París, Barcelona) fueron relatando al instante cómo manejaban en esos lugares la pandemia. La mayoría de la gente está informada de la cantidad de muertos, pero muy poco sobre que han hecho con los cuerpos; por otro lado también cómo tuvieron que ir cambiando las condiciones sanitarias ante las cifras. Una reportera desde New York, describía qué veía en las calles circulando: trabajadores latinos y negros. La otra población estaba realizando trabajos desde su casa. El corazón del mundo financiero sigue trabajando.

Las medidas tomadas por nuestro gobierno y con el consejo de infectólogos (mal que les pese a los gerentes de la economía de los dueños de este país), ha sido ganar tiempo. Y eso no es poco. Ha permitido tener un cuadro amplio de la epidemiología, de los recursos humanos, de los equipos y de medir por ejemplo cuántos respiradores necesitamos acorde a una población. Buenos Aires tiene 17 millones de habitantes, y si sumamos CABA  está la mitad del país. No se estaba preparado para enfrentar la terrible pandemia. La mayoría de los argentinos así lo comprendió; ahora viene el tiempo de ir graduando cómo sale la gente a las calles. Esto es proporcional (y responsabilidad) de los políticos gobernantes. No querrán cargar sobre sus espaldas (o conciencia) muertos. Así que allí estará el valor de su inteligencia: saber administrar sus recursos, su material técnico y principalmente humano para salir adelante.

Para ir cerrando estas líneas: 1) haber esbozado la idea de salud ó economía, no ha sido una frase (e idea) tranquilizadora; no para la gente que tiene un sueldo del Estado, sino para las corporaciones, donde eso trae en el terreno estrictamente económico: despidos, desempleo, recesión. 2) como siguen faltando políticas de comunicación (una Ley Federal de Medios) para que todo no quede concentrados en esas 3 empresas que manejan hasta internet; sería importante poner un vocero. Alguien que comunica puntualmente por la mañana ó la noche qué está haciendo el gobierno. Se evitan así tanta confusión, malas interpretaciones y ‘la jauría está entretenida’ 3) urgente salir a informar quiénes son los que tienen la deuda. Separar lo que se sigue negociando (desde el gobierno) con los fondos internacionales (FMI, Club de París), ‘los buitres’ de afuera, y lo más difíciles: ‘los caranchos’ de adentro. Dar nombres de quienes son los que luego por ‘los cipayos’ (como decía el viejo Jauretche) de los medios, saldrán a confundir a la población en su poco original estilo.